Saboteando mi éxito, mi salud y mi vida
Columna: Con mi Lupa
Por: Alma Cárdenas
¿Alguna vez ha conocido a alguien que antes de intentar algo ya está convencido de que va a fracasar?
Personas que dicen: “Seguro no me van a contratar”, “Voy a enfermarme”, “Ese proyecto no funcionará”, “No voy a poder”, “Todo me sale mal”.
Lo más sorprendente es que muchas veces terminan obteniendo exactamente el resultado que esperaban.
No porque tengan poderes especiales para adivinar el futuro, sino porque ellos mismos comienzan a sabotear sus posibilidades desde el primer pensamiento.
La mente es una herramienta extraordinaria. Puede impulsarnos a alcanzar metas que parecían imposibles o puede convertirse en nuestro peor enemigo cuando la alimentamos constantemente con miedo, pesimismo y derrotismo.
Existen personas que viven esperando que ocurra lo peor.
Si suena el teléfono, imaginan una mala noticia.
Si sienten una molestia física, piensan en una enfermedad grave.
Si emprenden un proyecto, visualizan el fracaso antes de comenzar.
Si alguien tarda en responder un mensaje, creen que existe un problema.
Viven anticipando dificultades que muchas veces nunca llegan.
Y mientras esperan desgracias imaginarias, dejan de disfrutar las bendiciones reales que tienen frente a ellos.
La preocupación constante desgasta.
Genera ansiedad.
Roba energía.
Afecta el descanso.
Y termina influyendo incluso en la salud física.
Por el contrario, las personas que enfrentan la vida con optimismo no ignoran los problemas. Simplemente deciden concentrar su energía en las soluciones y no en los obstáculos.
Cuando surge una dificultad piensan:
“Voy a resolverlo.”
“Buscaré una alternativa.”
“Haré mi mejor esfuerzo.”
“Algo bueno aprenderé de esta experiencia.”
Esa diferencia de actitud cambia la forma en que enfrentamos cada día.
También es importante aprender a agradecer.
Agradecer por la salud.
Por la familia.
Por los amigos.
Por el trabajo.
Por las oportunidades.
Incluso por las pruebas que nos enseñan a crecer.
Quien vive agradecido descubre que la felicidad no depende únicamente de alcanzar grandes metas, sino de valorar las pequeñas cosas que ya forman parte de su vida.
No significa que todo será perfecto.
La vida seguirá presentando desafíos.
Pero es más fácil enfrentarlos cuando la mente trabaja a nuestro favor y no en nuestra contra.
Quizá sea momento de revisar nuestros pensamientos.
De preguntarnos cuántas veces nos hemos convertido en el principal obstáculo para nuestros sueños.
Porque muchas de las barreras que encontramos en el camino no están afuera.
Están dentro de nosotros.
Y cuando aprendemos a sustituir el miedo por confianza, la queja por gratitud y el pesimismo por esperanza, descubrimos que la vida puede ser mucho más amable de lo que imaginábamos.
La mente es un jardín: aquello que siembres en ella crecerá; por eso, si quieres cosechar éxito, salud y felicidad, comienza sembrando pensamientos positivos… no cree usted?
