Un paso a la vez
Columna: Con mi Lupa
Por: Alma Cárdenas
¿Cuántas veces queremos llegar a la meta sin disfrutar el camino?
Vivimos con tanta prisa que queremos que todo suceda inmediatamente. Queremos resolver hoy lo que tardó meses en construirse, alcanzar en poco tiempo aquello que requiere esfuerzo y cumplir varios propósitos al mismo tiempo.
Y cuando las cosas no salen como esperamos, nos frustramos.
Pero la vida no funciona así.
Hay metas que requieren tiempo, paciencia y, sobre todo, constancia.
Por eso, quizá una de las mejores decisiones que podemos tomar sea aprender a caminar un paso a la vez.
No significa conformarnos.
No significa avanzar lentamente por falta de capacidad.
Significa entender que cada paso tiene un propósito y que llegar a una meta no depende de correr desesperadamente, sino de mantenernos firmes en el camino.
Cuando queremos hacerlo todo al mismo tiempo, nuestra mente se satura.
Pensamos en lo que falta, en lo que no hemos terminado, en lo que queremos comenzar y en aquello que todavía no hemos podido resolver.
Y terminamos haciendo mucho, pero avanzando poco.
Porque hasta los buenos propósitos pueden convertirse en una carga cuando queremos cumplirlos todos de inmediato.
Por eso es importante establecer prioridades.
¿Qué necesito hacer hoy?
¿Qué puede esperar?
¿Cuál es el siguiente paso?
A veces solamente necesitamos responder esas tres preguntas.
No tenemos que resolver nuestra vida completa en un solo día.
Podemos comenzar con algo pequeño.
Si queremos mejorar nuestra salud, demos el primer paso.
Si queremos ordenar nuestras finanzas, comencemos por revisar nuestros gastos.
Si queremos estudiar, empecemos con un poco de tiempo cada día.
Si queremos emprender, hagamos un plan.
Si queremos reparar una relación, tengamos esa primera conversación.
Si queremos alcanzar un sueño, comencemos a trabajar en él.
Un paso. Después otro. Y después otro.
Así se construyen los grandes caminos.
También debemos aprender a reconocer nuestros avances.
Muchas veces estamos tan concentrados en lo que todavía nos falta que olvidamos mirar todo lo que ya hemos conseguido.
Quizá todavía no llegamos a donde queremos, pero ya no estamos donde comenzamos.
Y eso también es avanzar.
No todos los días serán iguales.
Habrá días en los que caminaremos con fuerza y otros en los que necesitaremos detenernos un momento para respirar.
Habrá obstáculos, dudas, cansancio y momentos en los que incluso pensaremos en abandonar.
Pero detenernos a descansar no significa rendirnos.
A veces descansar también forma parte del camino.
Lo importante es no perder de vista hacia dónde queremos llegar.
Porque una persona que camina con dirección, aunque avance poco a poco, puede llegar mucho más lejos que aquella que corre sin saber hacia dónde va.
La paciencia es una virtud que hemos ido perdiendo.
Queremos resultados inmediatos, respuestas inmediatas, soluciones inmediatas.
Pero las cosas verdaderamente valiosas casi nunca se construyen de un día para otro.
La confianza necesita tiempo.
Una profesión necesita preparación.
Una empresa necesita esfuerzo.
Una relación necesita cuidado.
Un sueño necesita disciplina.
Y una vida plena necesita aprender a disfrutar cada etapa.
No debemos compararnos con quienes parecen ir más rápido.
Cada persona tiene su propio ritmo, sus propias circunstancias y su propio camino.
Quizá alguien ya llegó a un lugar al que nosotros apenas estamos intentando llegar.
No importa.
Lo importante es seguir avanzando.
Porque nuestro único compromiso debería ser con nuestra propia meta, no con la velocidad de los demás.
Caminar con el pie firme significa confiar en lo que hacemos, aprender de los tropiezos y continuar.
Y cuando lleguemos a esa meta que hoy parece tan lejana, seguramente comprenderemos que no fue un solo gran esfuerzo el que nos llevó hasta ahí.
Fueron todos esos pequeños pasos que dimos cuando nadie los veía.
Cada mañana que decidimos continuar.
Cada vez que vencimos la pereza.
Cada vez que corregimos un error.
Cada vez que volvimos a intentarlo.
Cada vez que dijimos: “Todavía no llego, pero voy en camino.”
Así que no se sature queriendo resolverlo todo hoy.
Organice sus prioridades.
Respire.
Mire hacia adelante.
Y dé el siguiente paso.
La vida no se trata de llegar primero, sino de llegar con la satisfacción de saber que no abandonamos el camino. No quiera correr cuando todavía está aprendiendo a caminar hacia su meta. Un paso a la vez, con paciencia, disciplina y los pies firmes en el presente, porque cada pequeño avance también nos acerca al triunfo… ¿no cree usted?
