Volver a amar también es vivir
Columna: Con mi Lupa
Por: Alma Cárdenas
La vida tiene momentos que nos cambian para siempre. La pérdida de una pareja por viudez o el final de un matrimonio después de un divorcio suelen ser experiencias que dejan heridas profundas y obligan a reconstruir el rumbo cuando parecía que todo estaba definido.
Muchas personas creen que después de cierta edad ya no existe espacio para volver a enamorarse, para ilusionarse o para comenzar una nueva etapa. Como si el amor tuviera fecha de caducidad o estuviera reservado únicamente para los jóvenes.
Nada más lejos de la realidad.
El corazón no conoce calendarios.
No sabe de actas de nacimiento ni de aniversarios. Solo sabe de sentimientos, de compañía, de cariño y de la necesidad humana de compartir la vida con alguien.
Después de una pérdida o una separación, llega un momento en que la tristeza comienza a transformarse en aprendizaje. Se aprende a vivir con los recuerdos, a valorar lo vivido y a entender que seguir adelante no significa olvidar.
Porque nadie reemplaza a nadie.
Los amores no se sustituyen.
Cada persona ocupa un lugar único en nuestra historia.
Sin embargo, eso no impide que el corazón vuelva a abrir una puerta a la felicidad.
Lamentablemente, cuando una persona viuda o divorciada decide darse una nueva oportunidad, no siempre recibe apoyo. Aparecen los comentarios, las críticas y el famoso “qué dirán”.
Algunos familiares consideran que es demasiado pronto.
Otros creen que ya no es la edad adecuada.
Y hay quienes piensan que volver a enamorarse es una falta de respeto hacia el pasado.
Pero la realidad es otra.
La vida sigue.
Y nadie debería sentirse culpable por buscar compañía, afecto y felicidad.
Lo verdaderamente triste no es volver a amar.
Lo triste sería renunciar a vivir por miedo a la opinión de los demás.
Cada ser humano merece la oportunidad de escribir nuevos capítulos en su historia. Merece compartir una conversación, una caminata, una taza de café, una sonrisa y, por qué no, un nuevo amor.
Porque el amor no es un privilegio de la juventud.
Es una necesidad del alma.
Y cuando llega de manera sincera, respetuosa y auténtica, debe recibirse como un regalo, no como un motivo de vergüenza.
La familia puede opinar, pero quien vive la soledad es la persona que perdió a su compañero de vida o vio terminar una relación importante.
Por eso las decisiones del corazón deben tomarse pensando en la propia felicidad y no en las expectativas ajenas.
La vida es demasiado breve para dejar pasar las oportunidades de ser feliz.
Y mientras exista la capacidad de amar, de ilusionarse y de compartir, siempre habrá razones para seguir viviendo plenamente.
Nunca es tarde para volver a sonreír, para volver a amar y para darse una segunda oportunidad; porque el amor no tiene edad, pero sí tiene el poder de devolverle luz a la vida… no cree usted?
