Los nuevos emprendedores, sin edad
Columna: Con mi Lupa
Por: Alma Cárdenas
¿Quién dijo que existe una edad para comenzar a cumplir un sueño?
Durante mucho tiempo creímos que para emprender había que ser joven, tener capital, experiencia y conocer perfectamente el mundo de los negocios. Hoy la realidad nos demuestra algo diferente: para empezar no existe una edad determinada.
Cada vez vemos más pequeños y jóvenes emprendedores que, con creatividad y entusiasmo, comienzan a desarrollar productos, servicios o proyectos que incluso llegan a convertirse en negocios exitosos.
Algunos, a pesar de su corta edad, ya generan importantes ingresos, construyen marcas, utilizan las redes sociales para comercializar sus productos y hasta son invitados a compartir sus experiencias con otros jóvenes.
Pero también está ocurriendo algo maravilloso del otro lado de la edad.
Mujeres y hombres mayores que durante muchos años se dedicaron a su familia, a un empleo o a diferentes responsabilidades, un día deciden decir:
“Ahora me toca a mí.”
Y comienzan un negocio.
Preparan alimentos.
Venden productos.
Realizan artesanías.
Ofrecen algún servicio.
Abren una pequeña tienda.
Utilizan las redes sociales.
Y descubren que todavía tienen muchísimo que aportar.
Algunos incluso logran prosperar cuando nadie imaginaba que comenzarían una nueva etapa.
Porque la experiencia también es capital.
Los años nos enseñan a conocer a las personas, administrar recursos, resolver problemas, ser constantes y levantarnos después de los fracasos.
Y los jóvenes tienen algo igualmente valioso: energía, creatividad, facilidad para aprender nuevas herramientas y una manera diferente de observar las oportunidades.
Imagínese lo que ocurre cuando ambas generaciones se unen.
El joven aporta innovación y tecnología.
El adulto aporta experiencia y conocimiento.
Y juntos pueden crear algo extraordinario.
Por eso debemos dejar de decir frases que apagan sueños:
“Ya estás muy grande.”
“Eso es para jóvenes.”
“Nunca has hecho un negocio.”
“No tienes experiencia.”
“A tu edad para qué.”
Cada una de esas palabras puede convertirse en una barrera si permitimos que alguien más decida hasta dónde podemos llegar.
Claro que emprender no significa que todos se convertirán en millonarios. El éxito requiere preparación, disciplina, constancia, administración y también aprender de los errores.
No todo negocio prospera inmediatamente.
Hay proyectos que fracasan.
Hay inversiones que no funcionan.
Hay momentos de incertidumbre.
Pero incluso de esos tropiezos se obtiene experiencia.
Lo importante es no confundir la edad con la incapacidad.
Hay personas que triunfan muy jóvenes y otras que encuentran su mayor éxito después de los 50, 60 o 70 años.
Nunca sabemos cuándo llegará esa idea que puede cambiar nuestra vida.
Quizá el sueño que dejamos guardado durante veinte años todavía esté esperando una oportunidad.
Quizá aquello que sabemos hacer y que siempre hemos considerado un simple talento pueda convertirse en una fuente de ingresos.
Quizá sea momento de sacar del cajón ese proyecto que tantas veces dijimos:
“Algún día lo voy a hacer.”
Ese día puede ser hoy.
No importa si tienes 18, 40, 60 o 70 años.
Nunca es demasiado temprano para comenzar ni demasiado tarde para volver a intentarlo.
Porque emprender no solamente significa buscar dinero.
También significa recuperar la ilusión, sentirse útil, descubrir nuevas capacidades y demostrar que todavía tenemos mucho por construir.
Que nadie le ponga fecha de caducidad a sus sueños. La edad puede sumar años, pero también suma experiencia, sabiduría y fortaleza. Si existe una idea que le quita el sueño, quizá no sea una locura, quizá sea una oportunidad esperando que usted se atreva a convertirla en realidad… no cree usted?
