La hiperactividad en todas las edades
Columna: Con mi Lupa
Por: Alma Cárdenas
Hay niños que parecen tener un motor encendido todo el día.
Corren, preguntan, imaginan, cambian rápidamente de actividad y difícilmente permanecen quietos durante mucho tiempo. En la escuela pueden parecer distraídos, inquietos o incluso difíciles de controlar, pero detrás de ese comportamiento puede existir una mente que necesita mantenerse ocupada y estimulada.
No todos los niños inquietos tienen un trastorno de hiperactividad. A veces simplemente tienen mucha energía, curiosidad y una gran necesidad de descubrir el mundo.
Incluso hay pequeños con enormes capacidades intelectuales que necesitan estar haciendo algo que realmente les interese. Cuando una actividad los atrapa, pueden concentrarse durante mucho tiempo; pero cuando algo les resulta aburrido o repetitivo, su atención parece desaparecer.
Por eso debemos aprender a observar antes de etiquetar.
Decirle constantemente a un niño “eres insoportable”, “no puedes estar quieto” o “eres distraído” puede terminar afectando su autoestima. El pequeño puede comenzar a creer que existe algo malo en él, cuando quizá simplemente necesita otro método para aprender y desarrollar sus capacidades.
La familia y la escuela tienen una responsabilidad enorme.
Hay que descubrir qué les gusta.
¿Qué los apasiona?
¿Qué preguntas hacen?
¿Qué actividades logran mantenerlos concentrados?
Un niño que disfruta construir puede encontrar una gran oportunidad en los bloques, la robótica o los experimentos. Quien ama dibujar puede desarrollar su creatividad a través del arte. Otro quizá encuentre su espacio en la música, el deporte, la lectura o la tecnología.
La clave está en encontrar aquello que enciende su curiosidad.
Pero esta característica no desaparece necesariamente al llegar a la adolescencia o la adultez. También existen adultos que necesitan mantenerse activos, comenzar proyectos, aprender cosas nuevas o tener varias actividades para sentirse motivados.
Algunos son emprendedores incansables.
Otros siempre están estudiando.
Hay quienes disfrutan viajar, trabajar en diferentes proyectos, practicar deportes o aprender nuevas habilidades.
La energía puede convertirse en una gran virtud cuando sabemos dirigirla.
Pero también es importante reconocer cuándo la inquietud, la impulsividad o la dificultad para concentrarse están afectando la vida escolar, laboral, familiar o social. En esos casos no debemos diagnosticar por nuestra cuenta ni atribuir todo a la personalidad. Una valoración profesional puede ayudar a determinar qué está ocurriendo y qué herramientas pueden ser útiles.
La hiperactividad no debería convertirse en una etiqueta que limite.
Debe ser una oportunidad para comprender mejor a la persona.
Porque muchas veces detrás de un niño que “no puede quedarse quieto” hay una mente llena de preguntas.
Detrás del adolescente que cambia constantemente de interés puede existir una enorme necesidad de descubrir.
Y detrás del adulto que siempre está buscando algo nuevo puede haber una persona que simplemente necesita mantenerse aprendiendo y creciendo.
No todos aprendemos de la misma manera.
No todos nos concentramos igual.
Y no todos necesitamos estar sentados para estar aprendiendo.
No apaguemos la energía de un niño solamente porque no sabemos cómo dirigirla; quizá aquello que hoy parece inquietud mañana se convierta en creatividad, talento, inteligencia y grandes logros… no cree usted?
