El narcisista: señales para detectarlo antes de que sea tarde
Columna: Con mi Lupa
Por: Alma Cárdenas
Al inicio de una relación, todo parece perfecto. Hay atenciones, palabras bonitas, promesas y una aparente admiración que hace sentir especial a la otra persona. Sin embargo, en algunos casos, detrás de ese encanto puede esconderse una personalidad que con el tiempo provoca desgaste emocional, inseguridad y sufrimiento: el narcisismo.
Todos tenemos algo de amor propio, y eso es saludable. El problema aparece cuando una persona cree que siempre tiene la razón, necesita ser el centro de atención, carece de empatía y utiliza a los demás para satisfacer sus propias necesidades.
El narcisista suele mostrarse encantador al principio. Escucha, halaga y parece la pareja, amigo o compañero ideal. Pero una vez que siente que tiene el control de la relación, comienzan a aparecer conductas muy diferentes.
Le cuesta aceptar errores.
Culpa a otros de sus problemas.
Minimiza los sentimientos ajenos.
Necesita admiración constante.
Y, en muchas ocasiones, intenta controlar o manipular emocionalmente a quienes lo rodean.
Una de las señales más comunes es que todo gira alrededor de él o de ella. Sus problemas son los más importantes, sus opiniones son las únicas válidas y sus necesidades siempre parecen estar por encima de las de los demás.
También es frecuente que haga sentir culpables a otras personas por situaciones que no les corresponden. Cuando algo sale mal, rara vez asume responsabilidad.
Con el tiempo, quien convive con un narcisista puede comenzar a dudar de sí mismo. Pierde confianza, se cuestiona constantemente y trata de complacer para evitar conflictos.
Por eso es tan importante aprender a detectar ciertas señales desde el principio.
Observe cómo trata a otras personas, especialmente a quienes no puede obtener algún beneficio.
Preste atención si habla constantemente de sí mismo y muestra poco interés por escuchar.
Analice si respeta los límites o intenta controlar decisiones personales.
Observe cómo reacciona cuando recibe una crítica o cuando las cosas no salen como desea.
Y, sobre todo, no ignore las señales de alarma por miedo a quedarse solo o sola.
Muchas veces la intuición detecta lo que el corazón se resiste a aceptar.
La prevención comienza con una buena autoestima.
Las personas que se valoran, que conocen sus derechos y que establecen límites sanos tienen menos probabilidades de permanecer en relaciones dañinas durante mucho tiempo.
Nadie merece vivir sintiéndose menos.
Nadie merece una relación donde el respeto, la empatía y la consideración estén ausentes.
Las relaciones saludables no se construyen sobre el control, sino sobre la confianza. No se sostienen en la manipulación, sino en el respeto mutuo.
Porque amar no es dominar.
Amar no es humillar.
Amar no es hacer sentir pequeño a quien está a nuestro lado.
Cuando una relación exige que renuncies a tu paz, a tu dignidad o a tu autoestima, quizá no sea amor; quizá sea momento de abrir los ojos antes de que sea demasiado tarde… no cree usted?
