Dormir bien también es cuidar la vida
Columna: Con mi Lupa
Por: Alma Cárdenas
Hoy quiero poner la lupa en algo que todos hacemos, pero que muchas veces no valoramos lo suficiente: dormir.
Vivimos en una sociedad que presume las desveladas. Hay quienes dicen con orgullo que duermen cuatro o cinco horas porque tienen mucho trabajo, porque estudian o porque simplemente no les alcanza el tiempo. Sin embargo, nuestro cuerpo y nuestra mente tienen una opinión muy distinta.
El sueño no es un lujo. Es una necesidad.
Mientras dormimos, el organismo realiza tareas fundamentales: se recuperan los músculos, se fortalece el sistema inmunológico, se organizan los recuerdos, se regula el estado de ánimo y el cerebro elimina sustancias que se acumulan durante el día.
Por eso, dormir bien es tan importante como alimentarse correctamente o hacer ejercicio.
Los especialistas recomiendan distintas horas de sueño según la edad. Los adolescentes suelen necesitar entre ocho y diez horas diarias. Los adultos, entre siete y nueve horas. Los niños requieren todavía más tiempo para su crecimiento y desarrollo.
Y aquí viene una realidad que muchos no quieren escuchar: las desveladas no se recuperan tan fácilmente.
Es cierto que después de una noche sin dormir podemos intentar descansar más horas al día siguiente, pero el cuerpo resiente la acumulación constante de sueño perdido. No existe una cuenta de ahorro donde podamos guardar horas de descanso para utilizarlas después.
Cuando la falta de sueño se vuelve costumbre, empiezan los problemas.
Aparece el cansancio constante. La irritabilidad aumenta. Se dificulta la concentración. Se olvidan cosas importantes. Disminuye el rendimiento en el trabajo o en la escuela.
Pero las consecuencias pueden ir más allá.
Dormir poco durante largos periodos se ha relacionado con mayor riesgo de obesidad, hipertensión, enfermedades cardiovasculares, diabetes, ansiedad y depresión. Además, una persona cansada tiene más probabilidades de sufrir accidentes al conducir o al realizar actividades que requieren atención.
¿Cuántos errores, discusiones o accidentes ocurren simplemente porque alguien estaba agotado?
Y aunque a veces creemos que podemos acostumbrarnos a dormir poco, el cuerpo siempre termina cobrando la factura.
Dormir bien no es perder el tiempo.
Es invertir en nuestra salud, en nuestra memoria, en nuestro bienestar y hasta en nuestra felicidad.
Tal vez deberíamos dejar de admirar a quienes viven agotados y comenzar a valorar a quienes entienden que descansar también es una responsabilidad.
Porque una mente descansada piensa mejor. Un cuerpo descansado funciona mejor. Y una persona que duerme lo suficiente tiene más energía para disfrutar la vida.
Así que esta noche, antes de quedarse viendo una serie más, revisando el teléfono o terminando una tarea que puede esperar, recuerde que su cuerpo también necesita atención.
Muchas veces buscamos la salud en medicinas y tratamientos, cuando una parte importante comienza con algo tan simple como dormir bien… no cree usted?
