Tu espacio, tu refugio
Columna :Con mi Lupa
Por:Alma Cárdenas
Hoy quiero hablar de algo que muchos confunden, pero que en realidad puede ser profundamente sanador: la magia de tener un espacio propio, una zona de confort que te proteja y te fortalezca.
Durante mucho tiempo nos han dicho que salir de la zona de confort es lo correcto, que quedarse en ella es estancarse. Y sí, en algunos aspectos de la vida es necesario avanzar, arriesgarse, crecer.
Pero hay algo que no debemos olvidar:
también necesitamos un lugar donde estar en paz.
Un espacio donde podamos ser nosotros mismos sin miedo, sin juicios, sin presiones. Un lugar emocional —y muchas veces también físico— donde recargamos energía, donde sanamos, donde nos reconstruimos.
Y es ahí donde entra una decisión importante: aprender a alejarnos de quienes nos lastiman.
No todas las personas suman.
No todas las palabras construyen.
Hay quienes, con sus comentarios, con sus actitudes, con su forma de dirigirse a los demás, reflejan más de sí mismos que de quien tienen enfrente. Personas que humillan, que minimizan, que no valoran… y que, si no ponemos un límite, terminan afectando nuestra seguridad y nuestra paz.
Alejarse de alguien así no es debilidad.
Es amor propio.
Es entender que no estamos obligados a quedarnos donde no somos respetados. Que no tenemos por qué soportar palabras que lastiman ni actitudes que nos hacen sentir menos.
Porque lo que otros dicen habla de ellos… pero lo que nosotros permitimos, habla de nosotros.
Construir una zona de confort sana no es encerrarse del mundo, es elegir con quién compartirlo. Es rodearse de personas que aporten, que respeten, que valoren.
Es crear un entorno donde podamos crecer, sí, pero también descansar emocionalmente.
A veces, el acto más valiente no es enfrentarse a todo… sino saber de qué debemos alejarnos.
Porque la paz no se negocia.
Y la dignidad, tampoco.
No todo lugar merece tu presencia… y no toda persona merece tu esencia… no cree usted?
