Cerrar un capítulo… abrir una puerta
Columna: Con mi Lupa
Por: Alma Cárdenas
Hay momentos en la vida en los que sabemos que algo terminó, aunque nuestro corazón todavía se resista a aceptarlo.
Una relación.
Una amistad.
Un trabajo.
Una etapa familiar.
Una forma de pensar.
Un proyecto que no resultó como esperábamos.
O simplemente una versión de nosotros mismos que ya no queremos seguir siendo.
Cerrar un capítulo nunca es sencillo.
Porque mientras estamos dentro de una historia conocemos sus personajes, sus lugares, sus costumbres y hasta sus problemas.
Lo conocido puede doler, pero también nos resulta familiar.
Y muchas veces preferimos permanecer en aquello que conocemos antes que atrevernos a descubrir qué existe del otro lado de una puerta que todavía no hemos abierto.
Pero hay momentos en los que cerrar un capítulo no es perder.
Es avanzar.
Hay puertas que no se abren mientras seguimos aferrados a una historia que ya terminó.
Continuamos esperando una llamada que nunca llegará.
Una disculpa que quizá nunca recibiremos.
Una oportunidad que ya pasó.
Una persona que decidió tomar otro camino.
O una versión de nuestra vida que simplemente dejó de existir.
Y mientras seguimos mirando hacia atrás, podemos estar dejando de observar todo lo que tenemos frente a nosotros.
Cerrar un capítulo no significa borrar lo vivido.
No significa negar que fuimos felices, que amamos, que aprendimos o que alguna vez soñamos con que aquello duraría para siempre.
Significa reconocer que algunas historias tienen un final.
Y aceptar ese final también puede ser un acto de amor hacia nosotros mismos.
Hay personas que pasan años preguntándose qué hubiera ocurrido si hubieran tomado otra decisión.
¿Qué habría pasado si me hubiera quedado?
¿Qué habría pasado si hubiera perdonado?
¿Qué habría pasado si no hubiera renunciado?
¿Qué habría pasado si aquella persona hubiera cambiado?
Pero vivir permanentemente en el “hubiera” nos impide vivir el presente.
El pasado puede enseñarnos, pero no puede convertirse en nuestra casa.
Podemos visitarlo para recordar.
Podemos aprender de él.
Podemos agradecer lo bueno y reconocer lo malo.
Pero después debemos regresar al presente.
Porque la vida continúa.
Y cuando un capítulo termina, tenemos la oportunidad de escribir otro.
Tal vez no será como lo imaginamos.
Tal vez será completamente diferente.
Y precisamente ahí puede estar lo maravilloso.
Una puerta nueva puede conducirnos a personas que todavía no conocemos, lugares que nunca hemos visitado, proyectos que aún no imaginamos y experiencias que pueden devolvernos una ilusión que creíamos perdida.
Pero para abrirla necesitamos dejar de mirar constantemente la puerta que cerramos.
No podemos caminar hacia adelante mientras seguimos intentando regresar al mismo lugar.
Por supuesto, cerrar un capítulo no significa hacerlo de un día para otro.
Hay pérdidas que necesitan tiempo.
Hay heridas que necesitan sanar.
Hay decisiones que requieren reflexión.
Y no debemos sentirnos culpables si necesitamos tiempo para reconstruirnos.
Cada persona tiene su propio ritmo.
Lo importante es no convertir el dolor en una residencia permanente.
Llorar está bien.
Extrañar está bien.
Sentir miedo está bien.
Lo que debemos evitar es convencernos de que porque algo terminó, nuestra vida también terminó.
No.
A veces termina una etapa para que comience otra.
Y quizá una de las mayores enseñanzas de la vida sea descubrir que somos capaces de empezar nuevamente.
Después de una separación.
Después de una pérdida.
Después de una decepción.
Después de un fracaso.
Después de jubilarnos.
Después de que los hijos hacen su propia vida.
Después de cambiar de ciudad.
Después de cerrar un negocio.
Incluso después de reconocer que nosotros mismos necesitamos cambiar.
Nunca somos demasiado grandes para comenzar de nuevo.
Nunca es demasiado tarde para abrir una puerta.
Quizá esa puerta nos dé miedo.
Quizá no sepamos qué hay detrás.
Pero tampoco sabemos qué nos estamos perdiendo mientras permanecemos del otro lado.
Por eso, cuando llegue el momento de cerrar un capítulo, hagámoslo con gratitud por lo aprendido, con dignidad por lo vivido y con esperanza por lo que viene.
No necesitamos destruir las páginas anteriores.
Son parte de nuestra historia.
Pero tampoco tenemos que seguir leyéndolas todos los días.
Hay páginas que se convierten en recuerdos.
Otras, en enseñanzas.
Y algunas, aunque hayan dolido mucho, terminan explicándonos por qué hoy somos más fuertes.
La vida es un libro que seguimos escribiendo mientras respiramos.
Y mientras exista una página en blanco, existe la posibilidad de escribir algo diferente.
Así que si hoy se encuentra frente a una puerta que necesita cerrar, no tenga miedo.
Quizá detrás de esa decisión haya otra puerta esperando que usted tenga el valor de abrirla.
Porque cerrar un capítulo no significa que la historia terminó.
A veces significa que, por fin, estamos listos para comenzar una historia nueva… ¿no cree usted?
