La esquizofrenia: comprender para no juzgar
Columna: Con mi Lupa
Por: Alma Cárdenas
Hablar de esquizofrenia todavía provoca miedo, dudas y, muchas veces, prejuicios.
Cuando escuchamos que una persona tiene este diagnóstico, algunas personas inmediatamente imaginan peligro, violencia o comportamientos impredecibles. Otras prefieren alejarse porque no saben cómo actuar.
Pero detrás de un diagnóstico existe una persona.
Una persona con sentimientos, sueños, necesidades, capacidades y una historia que merece ser escuchada.
La esquizofrenia es un trastorno mental serio que puede afectar la manera en que una persona piensa, percibe la realidad, expresa sus emociones y se relaciona con los demás. Puede presentarse de diferentes maneras y con distinta intensidad en cada persona.
Y hay algo muy importante que debemos aclarar: la esquizofrenia no es lo mismo que tener “doble personalidad”.
Esa es una de las ideas equivocadas que durante años han alimentado el miedo y la incomprensión.
Una persona que vive con esquizofrenia puede experimentar alucinaciones, delirios, dificultades para organizar sus pensamientos o cambios en su comportamiento. Pero eso no significa que sea una persona peligrosa ni que haya dejado de ser quien es.
El problema es que muchas veces juzgamos aquello que no conocemos.
Cuando una persona tiene una enfermedad física, generalmente buscamos atención médica.
Si tiene diabetes, hipertensión o cualquier otro padecimiento, entendemos que necesita tratamiento y seguimiento.
Entonces, ¿por qué cuando se trata de la mente reaccionamos con vergüenza, rechazo o silencio?
La salud mental también forma parte de nuestra salud.
Y pedir ayuda no debería ser motivo de vergüenza.
Uno de los mayores retos para una persona con esquizofrenia puede ser precisamente el estigma. El rechazo social puede hacer que la persona se aísle, que su familia tenga miedo de hablar del tema o que se retrase la búsqueda de atención profesional.
Por eso necesitamos aprender.
Necesitamos hablar de salud mental con la misma naturalidad con la que hablamos de cualquier otro problema de salud.
También las familias necesitan apoyo.
Acompañar a una persona con un trastorno mental puede generar dudas, cansancio y preocupación. No se trata simplemente de decirle “échale ganas” o “piensa positivo”.
Hay situaciones que requieren valoración profesional, tratamiento y seguimiento.
Y cuando existe un tratamiento indicado, es importante que la persona cuente con acompañamiento para seguirlo y acudir a sus revisiones.
Pero también debemos recordar que un diagnóstico no define completamente a nadie.
Una persona no es solamente su enfermedad.
Es mucho más que eso.
Es madre, padre, hijo, hermano, amigo, trabajador, estudiante, artista, emprendedor o simplemente alguien que quiere vivir su vida con dignidad.
Por eso debemos dejar de utilizar palabras relacionadas con las enfermedades mentales como insultos o como motivo de burla.
No sabemos quién puede estar escuchando.
Quizá alguien de nuestra propia familia está atravesando una situación y tiene miedo de decirlo.
Quizá una madre no sabe cómo ayudar a su hijo.
Quizá un joven está viviendo síntomas que todavía no comprende.
Una palabra de rechazo puede hacer que alguien se encierre todavía más.
En cambio, una actitud de comprensión puede convertirse en el primer paso para buscar ayuda.
También debemos saber que existen señales que no deben ignorarse, especialmente cuando aparecen cambios importantes en la percepción de la realidad, el pensamiento, el comportamiento o el funcionamiento cotidiano.
Ante situaciones de este tipo, lo adecuado es buscar orientación de un profesional de la salud mental y evitar intentar resolver el problema únicamente con consejos, regaños o creencias personales.
Y si existe riesgo inmediato de que alguien se haga daño o lastime a otra persona, se necesita atención de emergencia.
Hablar de esquizofrenia no debe provocar miedo.
Debe provocar conciencia.
Porque quizá algún día nos toque acompañar a alguien que necesita comprensión más que críticas.
Y cuando eso ocurra, debemos recordar que detrás del diagnóstico sigue existiendo una persona que merece ser tratada con respeto.
La salud mental no debe ser un tema escondido debajo de la alfombra. Informarnos nos ayuda a comprender, comprender nos ayuda a dejar de juzgar y dejar de juzgar puede abrir la puerta para que alguien se atreva a pedir ayuda. No tengamos miedo de las enfermedades que no conocemos; tengamos miedo de nuestra propia ignorancia cuando nos impide tender la mano a quien la necesita… ¿no cree usted?
