Los celos destruyen
Columna: Con mi Lupa
Por: Alma Cárdenas
Los celos pueden comenzar con una pregunta aparentemente inocente:
”¿Con quién estabas?”
Después llega otra:
”¿Por qué tardaste?”
Y poco a poco, sin darnos cuenta, lo que parecía una muestra de interés puede convertirse en vigilancia, desconfianza y control.
Los celos destruyen.
Destruyen la tranquilidad.
Destruyen la confianza.
Y cuando se vuelven excesivos, pueden terminar destruyendo una relación que quizá comenzó llena de amor.
Sentir cierta inseguridad en algún momento puede ser parte de la condición humana. El problema aparece cuando esa emoción se convierte en una necesidad permanente de controlar al otro.
Revisar el teléfono.
Preguntar constantemente dónde está.
Querer saber con quién habla.
Molestarse porque tiene amistades.
Interpretar cada mensaje como una amenaza.
Imaginar infidelidades sin tener ninguna prueba.
Y lo más peligroso: comenzar a prohibir.
“No quiero que hables con esa persona.”
“No salgas con tus amigas.”
“No uses esa ropa.”
“No vayas a ese lugar.”
Eso ya no es amor.
Es control.
Una persona que ama no necesita convertirse en detective de su pareja.
El amor necesita confianza, comunicación y libertad.
Porque nadie puede construir una relación sana sintiendo que tiene que demostrar su inocencia todos los días.
Los celos también pueden nacer de nuestras propias inseguridades.
Cuando pensamos que no somos suficientes, que alguien puede ser mejor que nosotros o que tarde o temprano nos abandonarán, comenzamos a buscar amenazas donde quizá no existen.
Y entonces el problema deja de estar afuera.
Está dentro de nosotros.
Por eso, antes de acusar, debemos preguntarnos:
¿Tengo una razón real para desconfiar o estoy permitiendo que mi miedo controle mis pensamientos?
También es importante aprender a distinguir entre intuición y obsesión.
Si existen mentiras, engaños, contradicciones o conductas que realmente rompen la confianza, hay que hablarlo.
Pero si no existe evidencia y nuestra mente construye historias constantemente, necesitamos trabajar en nuestra seguridad emocional.
Nadie debería vivir vigilando a quien ama.
Y nadie debería sentirse vigilado para demostrar que ama.
Una relación sana no necesita una prisión para conservar a nadie.
Si una persona quiere estar contigo, estará por decisión propia.
Y si algún día decide marcharse, ningún control podrá obligarla a quedarse de corazón.
El amor verdadero no se sostiene con miedo.
Se sostiene con elección.
Por eso debemos aprender a amar sin poseer, acompañar sin controlar y confiar sin dejar de poner límites cuando sea necesario.
Porque cuando los celos toman el volante, la relación comienza a viajar por un camino peligroso.
No confundamos celos con amor. El amor abraza, confía y respeta; los celos excesivos vigilan, limitan y destruyen. Si para conservar a una persona tenemos que quitarle su libertad, quizá no estamos construyendo una relación, sino una jaula… y nadie puede ser feliz viviendo en una jaula, no cree usted?
