Mi casa, mi reflejo
Columna: Con mi Lupa
Por: Alma Cárdenas
¿Alguna vez ha pensado que nuestra casa dice mucho de nosotros?
No necesariamente por lo lujosa, grande o costosa que sea, sino por la manera en que la cuidamos.
Un hogar ordenado, las cosas en su lugar, un automóvil limpio y una persona que procura presentarse bien pueden reflejar algo más profundo: el cuidado que tenemos de nuestra propia vida.
Cuando sabemos dónde está cada cosa, cuando mantenemos limpio nuestro espacio y procuramos que nuestro entorno sea agradable, también estamos construyendo hábitos de disciplina.
El orden exterior muchas veces nos ayuda a encontrar orden interior.
No significa que una casa tenga que estar perfecta las 24 horas del día.
Todos tenemos días de cansancio.
Todos dejamos alguna cosa fuera de lugar.
Todos tenemos momentos en los que simplemente queremos llegar a casa y descansar.
La diferencia está en que, cuando podemos, regresamos a poner las cosas en su sitio.
Lo mismo ocurre con nuestro automóvil.
No importa si es nuevo, viejo, pequeño o grande. Un vehículo cuidado habla de responsabilidad y de respeto por aquello que nos ha costado trabajo conseguir.
Y después está nuestra propia imagen.
Cuidarnos no significa vivir pendientes de la apariencia ni querer demostrar que somos mejores que los demás.
Significa mirarnos al espejo y preguntarnos:
¿Estoy cuidando de mí como merezco?
Bañarnos, vestirnos adecuadamente, cuidar nuestra higiene, mantener una buena presentación y procurar nuestra salud son pequeñas formas de autoestima.
Porque cuando nos cuidamos, estamos diciendo:
“Soy importante para mí.”
También debemos tener cuidado de no convertir el orden en una obsesión ni utilizarlo para juzgar a otras personas.
Hay hogares con niños pequeños, personas enfermas, adultos mayores o familias que atraviesan situaciones difíciles. No podemos conocer la historia que existe detrás de una puerta.
La reflexión es para nosotros mismos.
Que nuestro hogar sea un lugar donde encontremos paz.
Que nuestro automóvil sea un espacio que cuidemos.
Que nuestra apariencia sea una expresión de respeto hacia nosotros mismos.
Y que nuestros hábitos sean congruentes con aquello que queremos proyectar.
Porque muchas veces queremos cambiar nuestra vida completa, cuando podríamos comenzar por algo tan sencillo como tender nuestra cama, ordenar un cajón, limpiar nuestro automóvil o preparar nuestra ropa para el día siguiente.
Los pequeños hábitos construyen grandes cambios.
Y cumplir con nuestras propias expectativas también es una forma de éxito.
No necesitamos vivir para impresionar a nadie.
Necesitamos sentirnos orgullosos de la persona que somos cuando estamos solos frente al espejo.
Mi casa, mi carro y mi presencia no tienen que demostrarle nada a nadie; simplemente pueden recordarme que cuando cuido mi entorno, mi imagen y mi vida, estoy practicando una de las formas más importantes de amor propio: respetarme y cumplir conmigo misma… no cree usted?
