La menopausia y la andropausia, una forma diferente de vivirla
Columna: Con mi Lupa
Por: Alma Cárdenas
Hay etapas de la vida que llegan sin pedir permiso y que, en muchas ocasiones, transforman nuestro cuerpo, nuestras emociones y hasta la manera en que nos relacionamos con quienes nos rodean.
La menopausia y la andropausia son dos de ellas.
Sin embargo, todavía existe mucho desconocimiento alrededor de estos procesos. A veces confundimos los cambios de carácter, el cansancio, la irritabilidad o los cambios emocionales con una mala actitud, sin detenernos a pensar que detrás puede existir una transformación natural del organismo.
En las mujeres, la menopausia marca el final de la etapa reproductiva y está relacionada con cambios hormonales que pueden producir diferentes síntomas. Algunas experimentan bochornos, alteraciones del sueño, cansancio, cambios emocionales o molestias físicas que pueden resultar muy difíciles de sobrellevar.
Pero no todas viven la menopausia de la misma manera.
Hay mujeres que atraviesan esta etapa con pocos síntomas y continúan con su vida prácticamente sin modificaciones importantes. Otras, en cambio, enfrentan un verdadero desafío físico y emocional.
Por eso no debemos comparar.
Lo que para una mujer puede ser apenas un cambio pasajero, para otra puede representar meses o años de incomodidad.
Y los hombres tampoco están fuera de estas transformaciones.
Con el paso de los años pueden presentarse cambios hormonales relacionados con el envejecimiento, acompañados en algunas personas de cansancio, modificaciones en el estado de ánimo, alteraciones del sueño, disminución del deseo sexual o cambios en la energía.
Popularmente se habla de andropausia, aunque en los hombres no existe un proceso idéntico a la menopausia femenina. Los cambios hormonales masculinos suelen ser más graduales y no todos los hombres los experimentan de la misma manera.
Lo importante es comprender que estas etapas no deben convertirse en motivo de burlas, críticas o incomprensión.
¿Cuántas veces escuchamos decir:
“Está insoportable.”
“Todo le molesta.”
“Ya cambió.”
“Seguro está de mal humor porque sí.”
Tal vez antes de juzgar deberíamos preguntar:
¿Te sientes bien?
¿Has descansado?
¿Necesitas ayuda?
Comprender no significa justificar cualquier comportamiento. Las emociones deben aprenderse a regular y, cuando los síntomas son intensos o afectan la calidad de vida, es importante buscar orientación profesional.
También debemos dejar atrás la idea de que hablar de estos cambios es motivo de vergüenza.
Consultar a un médico, realizar los estudios necesarios y recibir orientación adecuada puede ayudar a distinguir los cambios normales del envejecimiento de aquellos que necesitan atención.
La familia también tiene un papel importante.
La paciencia, la comunicación y el acompañamiento pueden hacer una enorme diferencia.
En lugar de enfrentar esta etapa desde el miedo, podemos vivirla desde el conocimiento.
Cuidar la alimentación.
Dormir adecuadamente.
Mantener actividad física de acuerdo con las condiciones de cada persona.
Atender la salud emocional.
Realizar revisiones médicas.
Y, sobre todo, aprender a escuchar nuestro cuerpo.
Porque envejecer no significa dejar de vivir.
Significa aprender a vivir de una manera diferente.
Hay mujeres que atraviesan la menopausia con intensidad y otras que apenas perciben cambios. Hay hombres que experimentan modificaciones importantes y otros que continúan con su vida sin mayores dificultades.
Cada organismo tiene su propia historia.
Por eso, en lugar de sufrir en silencio o permitir que los cambios afecten nuestras relaciones, informémonos, busquemos ayuda cuando sea necesario y demos a esta etapa el lugar que merece: como una transformación natural de la vida.
La edad no nos quita la posibilidad de ser felices; simplemente nos enseña nuevas maneras de cuidar nuestro cuerpo, comprender nuestras emociones y disfrutar la vida. Entender estos cambios en lugar de juzgarlos también es una forma de amar… no cree usted?
