La música: un lugar en el corazón
Columna: Con mi Lupa
Por: Alma Cárdenas
Existe algo capaz de transportarnos a un momento específico de nuestra vida en cuestión de segundos. Algo que puede arrancarnos una sonrisa, hacernos llorar, despertar recuerdos dormidos o llenarnos de energía para comenzar el día. Ese algo es la música.
La música nos acompaña desde que nacemos. Está presente en las canciones de cuna, en las fiestas familiares, en los enamoramientos, en las despedidas y hasta en los momentos de soledad. Por eso no es extraño que cada persona tenga una melodía especial guardada en el corazón.
Lo maravilloso de la música es que existe una para cada emoción y para cada instante de la vida.
Cuando buscamos serenidad, la música clásica suele envolvernos con su armonía y ayudarnos a relajar la mente. Sus notas tienen la capacidad de disminuir el estrés y favorecer la concentración.
La rondalla, por su parte, nos lleva a los recuerdos, al romanticismo, a las serenatas y a esa época en la que las canciones parecían escribirse directamente para el alma. Escuchar una rondalla es revivir emociones que muchas veces creíamos olvidadas.
Los boleros tienen un lugar privilegiado en la historia de nuestros sentimientos. Hablan de amor, de pasión, de nostalgia y de despedidas. ¿Quién no ha recordado a alguien especial al escuchar un bolero?
Las cumbias, en cambio, tienen el poder de levantar el ánimo. Basta escuchar sus primeros acordes para que los pies comiencen a moverse. Son música de fiesta, de convivencia, de alegría compartida.
Los corridos cuentan historias. Relatan vivencias, tradiciones, personajes y acontecimientos que forman parte de la cultura popular. Son una manera de conservar relatos que han pasado de generación en generación.
Y así podríamos seguir con cada género musical.
Hay canciones para trabajar.
Canciones para enamorarse.
Canciones para recordar.
Canciones para llorar.
Y canciones para celebrar.
La ciencia también ha demostrado que la música puede aportar beneficios importantes. Ayuda a reducir el estrés, favorece la memoria, mejora el estado de ánimo y puede convertirse en una excelente compañía para quienes atraviesan momentos difíciles.
Pero más allá de cualquier explicación científica, quienes amamos la música sabemos que existe algo mágico en ella.
Una canción puede convertirse en el ancla de una etapa de nuestra vida.
Puede recordarnos a nuestros padres, a nuestros abuelos, a un amor, a una amistad o a un momento que jamás volverá.
Por eso la música no solo se escucha.
Se siente.
Se vive.
Se guarda en el alma.
Y aunque pasen los años, siempre habrá una melodía capaz de devolvernos a ese instante que creíamos perdido.
La música tiene el extraño poder de hablarle al corazón cuando las palabras ya no alcanzan… no cree usted?
