Apodos que marcan
Columna Con mi Lupa
Por Alma Cárdenas
Hoy quiero hablar de algo que muchos consideran “normal”, incluso “inofensivo”, pero que puede dejar huellas profundas en la vida de una persona: los apodos.
Hace unos días, un amigo me compartió una experiencia que me hizo reflexionar. Durante sus tres años de secundaria, le pusieron un apodo relacionado con un animal. Puede parecer algo sin importancia para quien lo dice, pero para él fue todo lo contrario.
Ese apodo lo acompañó día tras día.
Lo que comenzó como una broma se convirtió en una carga. Poco a poco se volvió más callado, más tímido, más reservado. Guardaba el coraje, la incomodidad, la tristeza… sin saber cómo expresar lo que sentía. Durante esos años, dejó de ser el mismo.
Y como él, hay muchos.
Niños y adolescentes que reciben etiquetas que no eligieron. Palabras que se repiten hasta convertirse en una forma de identificarlos, como si su nombre dejara de importar. Apodos que no solo lastiman en el momento, sino que pueden afectar la autoestima, la seguridad y la manera en que se ven a sí mismos.
Porque las palabras sí pesan.
Y más cuando vienen en una etapa tan vulnerable como la niñez y la adolescencia.
Muchos creen que “así son los jóvenes”, que “es parte de crecer”, que “no pasa nada”. Pero sí pasa. Pasa cuando un niño deja de participar, cuando evita hablar, cuando se siente menos, cuando empieza a creer que eso que le dicen es lo que realmente es.
Y lo más triste es que muchas veces el daño no se ve.
Se guarda.
Se acumula.
Se queda.
Como padres, como maestros, como sociedad, necesitamos estar más atentos. No se trata de prohibir todo, sino de enseñar respeto. De fomentar ambientes donde cada persona sea valorada por quien es, no por cómo la etiquetan.
También es importante enseñar a nuestros hijos a no repetir lo que puede lastimar. A entender que una “broma” deja de serlo cuando hiere.
Y a quienes han vivido algo así, recordarles algo muy importante:
ningún apodo define quién eres.
El valor de una persona no está en lo que otros dicen, sino en lo que es, en lo que construye, en lo que sueña.
Cuidemos nuestras palabras. Seamos más conscientes. Porque lo que para unos es un juego… para otros puede ser una herida.
Las palabras pueden parecer pequeñas… pero en el corazón de alguien pueden volverse eternas… no cree usted?
