La libertad también se educa
Columna Con Mi Lupa
Por Alma Cárdenas
Hoy quiero hablar de un tema que parece sencillo, pero que en realidad encierra una gran responsabilidad: la libertad.
Durante años hemos luchado como sociedad por ser libres. Libres de pensar, de opinar, de elegir nuestro camino, nuestra profesión, nuestras ideas y hasta nuestra forma de vivir. La libertad es, sin duda, uno de los valores más importantes que puede tener un ser humano.
Pero también es cierto que muchas veces se confunde la libertad con el libertinaje.
Ser libre no significa que todo nos dé igual. No significa actuar sin respeto, sin responsabilidad o sin conciencia de que nuestras decisiones afectan a los demás. La verdadera libertad nace cuando sabemos pensar, cuando aprendemos a respetar y cuando entendemos que vivir en sociedad implica también límites y valores.
Ahí es donde entra una tarea fundamental: la educación de nuestros hijos.
Educar no es solo enviar a los niños a la escuela. Educar es enseñar con el ejemplo, formar carácter, sembrar valores y ayudar a construir personas que sepan distinguir entre lo correcto y lo fácil. Necesitamos jóvenes que piensen, que reflexionen, que amen la vida y que entiendan que el conocimiento y el respeto son las bases de cualquier sociedad que quiera avanzar.
Queremos buenos profesionistas, sí, pero sobre todo buenos seres humanos. Personas que valoren lo que tienen, que respeten a los demás, que amen a su familia y que comprendan que el éxito no solo se mide en dinero o poder, sino también en dignidad, responsabilidad y humanidad.
Ser libres de mente, de pensamiento y de acción es una de las mayores conquistas del ser humano. Pero esa libertad debe caminar siempre de la mano con la conciencia, con el respeto y con el amor por la vida.
Porque cuando la libertad se ejerce con valores, se convierte en una fuerza que construye. Pero cuando se convierte en libertinaje, termina destruyendo lo que tanto trabajo nos ha costado edificar como sociedad.
La libertad verdadera no es hacer lo que se quiera sin pensar; es saber elegir lo correcto aun cuando nadie nos esté mirando.
Y en estos tiempos en los que todo parece ir tan rápido, quizá valga la pena preguntarnos qué tipo de sociedad queremos formar y qué ejemplo estamos dando a las nuevas generaciones.
Porque al final, la libertad más valiosa es aquella que se vive con responsabilidad.
La libertad no es que todo nos dé igual; es tener valores para saber hasta dónde llegar… no cree usted?
