Mujer que se valora, mujer que avanza
Columna con mi lupa
Por Alma Cárdenas
En tiempos donde las mujeres han ganado espacios, voz y presencia en todos los ámbitos de la sociedad, el verdadero empoderamiento sigue comenzando en el mismo lugar de siempre: dentro de una misma.
Una mujer empoderada no es únicamente aquella que ocupa un cargo importante, dirige una empresa o levanta la voz en público. El verdadero poder de una mujer nace cuando aprende a mirarse con respeto, cuando reconoce su valor y entiende que su dignidad no depende de la aprobación de nadie.
La autoestima es una de las fuerzas más silenciosas, pero también más determinantes en la vida de cualquier persona. En el caso de las mujeres, durante mucho tiempo se nos enseñó a complacer, a sostener, a resistir, incluso cuando eso significaba olvidarnos de nosotras mismas.
Pero algo ha cambiado.
Hoy muchas mujeres han comenzado a entender que valorarse también significa poner límites. Significa reconocer cuándo un espacio ya no es sano, cuándo una relación no aporta y cuándo el respeto que merecen simplemente no está presente.
Y ahí aparece uno de los actos más valientes que puede hacer una mujer: saber dejar ir.
Dejar ir una relación, una amistad, un trabajo o incluso una etapa de la vida no es sinónimo de derrota. Al contrario, muchas veces es la prueba más clara de amor propio. Porque cuando una mujer se valora, entiende que quedarse donde no es apreciada termina apagando su luz.
El empoderamiento femenino no siempre hace ruido. A veces se manifiesta en decisiones silenciosas: cerrar una puerta, dar un paso al costado o elegir la paz antes que la costumbre.
Una mujer que se respeta no mendiga atención, no suplica cariño ni negocia su dignidad. Simplemente entiende que su presencia tiene valor… y que quien no lo vea, no merece ocupar su tiempo.
Porque al final, el amor propio tiene una regla muy simple:
quien no sabe valorarte, te está enseñando exactamente dónde no debes quedarte.
