Entre la identidad y el humanismo: una reflexión necesaria sobre los “therians”

Columna  con mi Lupa

Entre la identidad y el humanismo: una reflexión necesaria sobre los “therians”

por: Alma Cárdenas

En tiempos donde las identidades se multiplican y las redes sociales amplifican cada tendencia, ha cobrado fuerza el fenómeno de los llamados therians: personas que expresan identificarse espiritual o psicológicamente con un animal y, en algunos casos, adoptan conductas simbólicas asociadas a esa especie.

No se trata de un tema menor ni de burla fácil. Detrás de cada manifestación humana hay una historia, una búsqueda, una necesidad de pertenencia. Sin embargo, también es momento de reflexionar con serenidad y profundidad sobre lo que significa ser humano y el enorme privilegio que ello implica.

El ser humano es, por naturaleza, un ser pensante. Nuestra especie ha evolucionado no solo físicamente, sino en conciencia, lenguaje, arte, ciencia y valores. Somos capaces de hablar, razonar, crear poesía, diseñar ciudades, curar enfermedades, amar con entrega, expresar emociones complejas y transformar nuestro entorno.

A diferencia del comportamiento instintivo que rige el mundo animal, el ser humano posee conciencia moral, sentido de responsabilidad y capacidad de elegir. Podemos dominar impulsos, construir acuerdos sociales, vivir en comunidad bajo normas que protegen la dignidad. Tenemos la posibilidad de educarnos, de crecer espiritualmente y de aspirar a algo más alto que la simple supervivencia.

Adoptar conductas que imitan comportamientos animales —más allá del simbolismo o del juego— puede convertirse en una forma de evasión. Cuando se pierde de vista el humanismo, se corre el riesgo de trivializar lo que tanto ha costado construir como civilización. La historia nos ha demostrado que el retroceso en valores, en pensamiento crítico y en responsabilidad social trae consecuencias dolorosas: exclusión, burlas, afectaciones psicológicas y deterioro del tejido social.

La humanidad ha luchado durante siglos por elevar su calidad de vida. Hemos creado sistemas de salud para combatir enfermedades, desarrollado tecnologías para vivir con mayor comodidad y generado derechos humanos que protegen nuestra integridad. Retroceder simbólicamente hacia lo instintivo puede parecer inofensivo, pero también puede alimentar dinámicas de humillación pública, confusión identitaria en etapas vulnerables y una desconexión con el desarrollo integral que debemos fomentar, especialmente en niños y jóvenes.

Ser humano implica reconocer nuestras emociones sin negar nuestra razón. Implica aceptar nuestra fragilidad, pero también nuestra capacidad de superación. No necesitamos renunciar a nuestra naturaleza racional para sentirnos libres o auténticos. Al contrario: la grandeza está en abrazar nuestra humanidad con todas sus posibilidades.

La reflexión no es un ataque, sino una invitación. La diversidad merece respeto, pero el humanismo merece defensa. La libertad individual no debe desligarse de la responsabilidad colectiva ni del cuidado de la dignidad propia.

Hoy más que nunca, en una era de tendencias virales y búsquedas identitarias intensas, vale la pena recordar quiénes somos. Somos seres capaces de amar conscientemente, de pensar críticamente, de hablar con intención, de construir futuro.

No imite conductas. Sea un ser humano. Y disfrute el privilegio extraordinario de serlo.

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